Guardo un nombre en el pecho,
como quien esconde una llama en silencio;
no quema, pero alumbra en secreto,
cuando la noche me pregunta lo que siento.
Es joven como la aurora que no envejece,
y yo camino con calendarios en la mirada;;
entre los dos hay años que no pesan ni crecen,;
pero enseñan a callar lo que el alma reclama.
Fue palabra frente a un aula, distancia y respeto,;
líneas que nunca debieron cruzarse;
por eso mi afecto aprendió a ser discreto,
y el deseo se volvió pensamiento al guardarse.
En sueños, en cambio, la duda se rompe,
allí no hay edades ni pasado juez;
la tomo de la mano sin culpa que asombre,
y despierto sabiendo que nada pudo ser.
Desde lo más profundo de mi ser,
solo tres promesas le puedo ofrecer:
alma sincera para cobijarla,
corazón paciente para amarla,
y una vida entera si el destino quisiera creer.
Anónimo
Elaborado por: Fernando Rogelio S. A. © - Diciembre 2025









